
Sofía deseaba llegar, llevaba toda la noche pensando en lo que su madre, María, le había contado sobre PlayaBALLENA y su entorno. Esos toboganes, ese minigolf, esas noches de baile y cine… y esa playa, esa BALLENA.
Soñaba con esa ballena, una y no más era su deseo de ver. Pasaron varias horas en el coche que para ella fueron días, pero por fin habían llegado. ¡Maletas fuera, coche aparcado, chek-in realizado y bañador puesto!
Los hermanos de Sofía, Miguel y Antonio, enseguida se sumergieron en la piscina, pero Sofía se quedó mirando, quieta, seria y mirando…¿Qué te pasa Sofía? Preguntó su madre. ¿No quieres refrescarte?
La estoy buscando mamá, dijo Sofía con voz baja. No grites o la asustarás…
¿A quién Sofía?, su madre volvió a preguntar.
Silencio…mamá, silencio. Busco y busco… ¿dónde estará? Busco…¡A LA BALLENA!, respondió en el oído de la madre.
¿Dónde está mamá? Solo quiero ver una y no más.
La madre lo intentó, pero no pudo aguantar la risa, al no saber cómo reaccionar, cogió a Sofía y las dos se tiraron a la piscina.
Sofia se agarró a su madre y preguntó: ¿por qué te ríes? ¿Está por aquí esa BALLENA?
No hija, este hotel es maravilloso por tener toboganes, piscina, minigolf y muchas cosas más por descubrir, pero, hasta ahora, BALLENAS, no.
-María José G.