
Nuestra historia, que en principio iba a ser una semana de descanso y relax para recargar energías en vista del comienzo del curso escolar y sus miles de actividades extraescolares, se transformó en una odisea de buenas experiencias.
Todo comienza cuando decidimos reservar un hotel todo incluido para mi marido, los dos peques de 6 y 7 años y yo. Solo nos importaba descansar y que los peques tuvieran sus actividades, no saldríamos a conocer la ciudad ya que andábamos muy bajos de energías.
Llegamos al hotel y justo ese día llovía pero rápidamente hicimos planes dentro del hotel, almuerzo con su buffet y sus deliciosos postres, esos postres que han dejado huella en la ropa de mis hijos, todos los días dos prendas de ropa, disfrutando de los postres y actividades para los peques en el mini club.
Nos informan que tenemos una noche para cenar en el restaurante Terra y reservamos para el domingo, por lo que el día continúa y los peques lo pasan genial con todas las actividades, cena, bailes por la noche y espectáculo, se fueron a la cama algo triste tras ver el Aquapark y no poder disfrutarlo por la lluvia.
Al día siguiente sale el sol, piscina, minigolf, actividades y tobogán amarillo en el parque acuático, no se atrevían del azul ni del rojo. A mi hijo de siete años le dije: no tengas miedo, detrás de los miedos están las mejores experiencias, si yo me tiro tú eres el siguiente. Te espero abajo. Y tras superar ese miedo, allá fue. Ya no podía parar de lanzarse por los tres toboganes. Al de seis años le picaba la curiosidad pero le daba miedo el rojo y el azul, ambos se fueron hasta arriba solo mientras observamos desde la hamaca y veo como el pequeño se decide por el tobogán azul, lo convenció su hermano, y ya era un no parar.
Tras la experiencia del parque acuático, minigolf, dardos, bailes acuagym, piscina, comidas con sus postres, visitar la playa pegada al hotel y su desayuno con la mascota delfi, el penúltimo día llegaría la experiencia más importante de todas. El pequeño de seis años mientras comíamos le dio un bocado a una manzana y……. Plaf! Su primer diente de leche clavado en la manzana. Llevaba mucho tiempo esperando ese momento, y donde fue a ocurrir en el hotel Playaballena. Su primera pregunta, ¿vendrá aquí el ratón Pérez mamá? – No lo sabemos, le dije.
Esa noche no podía dormir el peque haciendo miles de preguntas. Le damos el diente a Delfi y él que se lo dé al ratón Pérez, decía; creo que no me traerá nada, el no sabe que vivimos aquí, etc. Cuando despertó y vio sus monedas su cara no tenía precio.
Tal ha sido la actividad que en ningún momento nos han pedido los pequeños ver la televisión o la tablet uno de nuestros objetivos.
Ha sido una experiencia maravillosa. 3D, descansar, disfrutar y desconectar.
-Jésica A.