
El Hotel Montanyà era conocido por sus vistas a la montaña y su servicio impecable. Ubicado en el corazón del Montseny, había sido testigo de eventos y convenciones históricas , y por haber alojado a celebridades.
Había una habitación en particular que nunca se ofrecía a los huéspedes, una habitación que el personal del hotel evitaba mencionar: la número 6237.
Todo comenzó hace más de 10 años, cuando un hombre llamado Bruno Delgado se hospedó en esa misma habitación. Delgado era un empresario de renombre, pero también un hombre solitario, con fama de ser frío y distante. Llegó al hotel sin equipaje y sin reserva, pidiendo específicamente la habitación 6237. A pesar de la rareza de la solicitud, el recepcionista accedió a su petición.
Aquella noche, Delgado no salió de su habitación. El personal notó que no pidió servicio de habitación ni se lo vio por las instalaciones del hotel. Pasaron los días y Delgado seguía sin dar señales. La camarera asignada para limpiar su habitación comentó que siempre encontraba la puerta cerrada y que, a pesar de golpear repetidamente, nadie respondía.
Preocupado por la situación, el gerente decidió entrar en la habitación. Al abrir la puerta, se encontró con una escena desconcertante: la habitación estaba impecable, pero no había rastro de Bruno Delgado. Su cama estaba intacta, y no había señales de que alguien hubiera estado allí. Sin embargo, sobre la mesita de noche, había una nota escrita a mano que decía: «Nos veremos».
A pesar de que se realizó una exhaustiva investigación, Delgado nunca fue encontrado. Su desaparición quedó como un misterio sin resolver, y la habitación 6237 fue clausurada. Con el tiempo, comenzaron a circular rumores entre el personal del hotel. Algunos decían que, en las noches más tranquilas, se podían escuchar susurros y pasos en el pasillo, justo frente a la habitación 6237. Otros aseguraban haber visto la figura de un hombre alto y delgado caminando por los corredores, siempre en dirección a esa habitación.
A lo largo de los años, hubo huéspedes que insistieron en quedarse en la 6237, atraídos por las historias. Los pocos que lograron pasar la noche allí contaron experiencias aterradoras: luces que se encendían y apagaban solas, el sonido de alguien escribiendo en la oscuridad, y la sensación constante de ser observados. Muchos abandonaron el hotel en mitad de la noche, aterrorizados.
El hotel intentó desacreditar las historias, pero el misterio de la 6237 seguía creciendo. Con el tiempo, el Montanya decidió sellar permanentemente la puerta de la habitación y convertirla en un simple almacén. Sin embargo, las historias nunca desaparecieron. Se dice que, aún hoy, los trabajadores y los pocos que conocen el secreto del hotel, evitan ese pasillo, especialmente al caer la noche.
Y aunque el Montanya sigue siendo un lugar de lujo, susurrando entre los muros se encuentra el enigma de Bruno Delgado, el huésped que desapareció sin dejar rastro.
-Ikram B.