La habitación del Big Bang

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La copa se hizo añicos contra la mesilla color caoba de la habitación. Ni siquiera nos dimos cuenta.

El vino derramado avanzaba milímetro a milímetro conquistando la alfombra mostaza con su color burdeos. En la terraza, el mar apagaba con su brisa eterna mi cigarrillo a medias.

Y a mi sólo me importaban tus labios y tu piel.

Los coches caros empezaban a recorrer la ciudad de Marbella y pasaban por debajo del hotel Senator hacia el atardecer de cualquier club de moda, cuidadosamente elegido desde hace días. Nos llegaba el fin del mundo entre el rumor de la cortina que bailaba incesante dentro y fuera de la habitación a través del ventanal abierto.

No lo sabíamos.

Cada segundo se exprimía entre tu cuerpo y el mío, entre tu risa y mis ganas. La noche avanzaba imparable reuniendo todas nuestras vidas pasadas en ese momento, en ese hotel, en esa habitación. Como si se tratase de un Big Bang creando un universo nuevo donde todas las piezas encajasen.

Para desencajarse de nuevo.

Y volver hacia atrás.

Encontrarme con tus ojos azules sentado al piano, mi vestido rosa desentonando con las paredes amarillas del vestíbulo. Las cinco estrellas relucientes al apearme del taxi. Una maleta arrastrándose medio coja por la estación María Zambrano. 800 kilómetros de vías de tren.

Y, al final, solo una chica, desde su sofá en la otra punta de la península, reservando una habitación de hotel.

-Leyre R.

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