
Mi historia más divertida sucedió en un juego preparado por la animación del hotel para parejas. Teníamos que hacer varias pruebas, algunas de beber algo rápido, cantar, buscar algo, y de repente llegó lo inesperado, buscar ropa interior de un color determinado y llevarla al escenario. Mi marido era quién hacía la prueba y yo le ayudaba, pero me dio tanta vergüenza que me quedé bloqueada sin saber qué hacer.
Subir a la habitación era una pérdida de tiempo así que la única solución era que yo le diera algo de lo que llevaba. Ante mi bloqueo, los nervios, el tiempo que seguía corriendo y con la insistencia de mi marido de coger alguna prenda, una señora mayor se acercó, me apartó, se quitó el sujetador por debajo del vestido y se lo dio. Todo un espectáculo solo superado por la cara de mi marido. Ganamos la prueba. La señora fue muy divertida. Y pasamos un rato de risas.
-Cristina D.