
Fue casualidad. Lo reconozco. Pero no dejo de pensar que, si no hubiera pasado, no se hubiera rodado después una película que batió récords de taquilla en España. Repasando viejas fotos de mi dispositivo móvil para liberar espacio, me encontré con las de aquel verano de hace casi una década en las playas de Huelva.
Ese año invitamos a mi sobrino Pablo a pasar unos días con nosotros en el Hotel Playacartaya. El primer día de la estancia fuimos a dar un paseo en caballo por las dunas de Doñana, una experiencia increíble y muy recomendable. El hecho es que mi sobrino tiene un parecido más que razonable con el cantante Justin Bieber, y en el momento de la cena en el hotel, una empleada reparó en tal parecido, a lo que, aun no sé muy bien porqué, contesté que efectivamente era el famoso cantante, que había venido a rodar un video clip de su última canción, pero que quería pasar inadvertido para así poder descansar mejor y disfrutar del entorno de la zona.
El caso es que la noticia se difundió por el resto de los empleados del hotel, que querían hacerse una foto con «Justin», y a partir de entonces, todo fueron atenciones y cortesías que, sin duda, agradecimos con la vergüenza de quien se siente pecador, pero no se atreve a confesar. Paseos en barco por el río Piedras, puestas de sol idílicas en los sitios más atractivos, visitas guiadas, manjares en la propia habitación, fueron algunas de las privilegiadas atenciones con que nos obsequiaron tan gentilmente.
El agradecimiento no podía quedarse en unos meros «volveremos» y «mil gracias». Así que contacté con un guionista de cine amigo mío, le conté la historia, y de este pequeño «fraude» nació una película rodada en el propio hotel, con los mismos empleados haciendo de sí mismos, que se estrenó con gran éxito un par de años después.
(Llamamos a Justin Bieber por si quería ser el protagonista, pero le coincidía con el rodaje de un video clip).
-Gonzalo A.