
Ángel, un madrileño de 50 años, decidió hacer algo diferente este verano. Divorciado hace dos años y con la custodia compartida de su hija Elena de 14 años, quería aprovechar las vacaciones para pasar tiempo de calidad con ella. Así, eligió el hotel PlayaSol en Roquetas del Mar, un destino turístico que prometía diversión y descanso.
Para Eloisa, el verano en Roquetas del Mar era una tradición. Llevaba diez años eligiendo el hotel PlayaLinda para disfrutar de sus vacaciones con su hija Jazmine, de 15 años. Divorciada hace cinco años, había encontrado en estas vacaciones una manera de fortalecer el vínculo con su hija y relajarse.
Ambos hoteles, PlayaSol y PlayaLinda, compartían varias zonas comunes, lo que hacía inevitable que los caminos de sus huéspedes se cruzaran. Desde el primer día, Elena y Jazmine se encontraron en el defi-club-junior, un espacio dedicado a los adolescentes con actividades entretenidas y divertidas. La conexión entre ellas fue inmediata, forjando una amistad basada en intereses comunes y la energía juvenil.
Mientras tanto, Ángel y Eloisa se conocieron en el bar de la piscina. Ángel, con su amabilidad y humor, pronto llamó la atención de Eloisa, quien disfrutaba de su cóctel bajo el sol. Las conversaciones iniciales fueron sobre temas casuales: el clima, las instalaciones del hotel, y las actividades planeadas. Sin embargo, pronto descubrieron que compartían más de lo que pensaban.
En las actividades del senior club, sus caminos se cruzaron una y otra vez. Compitieron en tiro con arco, rieron juntos mientras jugaban al mini golf y colaboraron en el shuffleboard. Estas actividades no solo eran una forma de pasar el tiempo, sino que servían para estrechar su creciente amistad. Las noches en el pub del hotel se convirtieron en momentos especiales donde, entre risas y copas, compartían historias de sus vidas, sus hijos y sus experiencias tras el divorcio.
El destino quiso que coincidieran viendo los partidos de la Eurocopa 2024 en el salón común del hotel. Ambos eran apasionados del fútbol, y cuando España avanzaba en el torneo, la emoción compartida los acercaba aún más. El partido final fue un evento memorable. España ganó la Eurocopa, y entre abrazos y saltos de alegría, Ángel y Eloisa se dieron cuenta de que algo más que una simple amistad estaba floreciendo entre ellos.
Durante esos cinco días, Ángel y Eloisa descubrieron una conexión profunda. Las tardes en la piscina, las actividades en el senior club y las noches en el pub se convirtieron en momentos de intimidad y complicidad. Sus hijas, Elena y Jazmine, también se habían hecho inseparables, disfrutando juntas del verano como solo las adolescentes pueden hacerlo.
El último día de vacaciones llegó demasiado pronto. Mientras se despedían, Ángel y Eloisa intercambiaron números de teléfono y prometieron mantenerse en contacto. Sus hijas, igualmente tristes por la despedida, se abrazaron y prometieron volver a verse.
Ángel, al mirar a Eloisa una última vez antes de partir, sonrió y dijo: «Quizás el próximo verano podamos elegir el mismo hotel desde el principio.»
Eloisa respondió con una sonrisa y un guiño: «O tal vez en el tuyo o en el mío.»
La historia de Ángel y Eloisa no terminó en Roquetas del Mar. Aquellas vacaciones fueron solo el comienzo de algo especial, un nuevo capítulo en sus vidas que les enseñó que, incluso después de la adversidad, siempre hay espacio para el amor y la felicidad.
-María Ángeles H.