
Después de toda la noche en vela, espero nervioso a que mis padres carguen todas las maletas para poner rumbo al Playacálida. Me paso todo el camino comprobando cuánto queda para llegar a mi anhelado destino. Por fin me reencontraría con el amor de mi vida.
Tras muchos años visitando todos y cada uno de los hoteles de la cadena, conocí en ese hotel de Almuñécar a un chica alta, morena y muy muy guapa que me cautivó. Estaba sentada en recepción cuando yo llegaba de la piscina después de jugar al waterpolo. No podía quitarle la mirada de encima. Mis amigos insistían en que le ofreciese unirse a nosotros, pero yo me moría de la vergüenza. Finalmente, uno de ellos lo hizo por mí y poco a poco fuimos conociéndonos un poquito más. Tras nuestra estancia, manteníamos el contacto y logramos convencer a nuestros padres para volver al lugar donde nos conocimos. Ese año fue muy especial y nos convertimos en grandes amigos, pero ninguno nos atrevíamos a dar el paso. Quizás por miedo a estropear nuestra amistad o más bien por la relación a distancia que nos veríamos obligados a llevar, ya que ella estudiaba en Madrid.
Pasaron años de amistad, reencuentros y por fin me decidí a dar el paso. Pedí ayuda al equipo de animación que siempre insistía en que teníamos que acabar juntos y así fue. Al finalizar uno de los espectáculos, en los que siempre participábamos, me pasaron el micrófono para que le pidiese salir delante de todo el hotel que nos había visto crecer. No fue sencillo, pero me armé de valor y finalmente ella entre lágrimas aceptó.
Nunca olvidaré ese momento ni otros muchos que viví en uno de los hoteles con más significado para nosotros. Espero que esta historia sea solo el comienzo y podamos seguir reviviendo y creciendo en el Playacálida muchos años más. Gracias a todo el personal y sobre todo al equipo de animación que año tras año lo han hecho posible. Nos vemos este septiembre un año más.
-Carlos C.