
En este relato no van a encontrar peticiones de mano increíbles, aventuras alucinantes o experiencias dignas de película, en este relato hay una historia real de felicidad infinita.
El año pasado, mi marido y yo decidimos cambiar la forma de vivir nuestras vacaciones, disfrutar más y ver disfrutar más a nuestros hijos. Y así, de esa manera, descubrimos la cadena Senator Hotels & Resorts, concretamente el hotel Playacapricho. Allí llegamos con nuestros hijos de 4 y 7 años, emocionados, impacientes, expectantes, todo era nuevo para nosotros, hotel, todo incluido, vistas al mar, animación, mini club…Lo primero fue observar la preciosidad de hotel, sus piscinas increíbles, sus toboganes y su cercanía a la playa. Después de esas primeras maravillosas impresiones llegaron días de alegría y felicidad constante. La experiencia de mis hijos en el mini club es algo que me llevo en el corazón de por vida, esas caras felices haciendo nuevos amigos, ese cariño por parte de los animadores y esos diplomas por juegos ganados que les ponían tan contentos. Noches de diversión tanto ellos como nosotros, con esos animadores completamente entregados, noches de risas y música, noches de conocer gente con la misma felicidad y tranquilidad que nosotros. Por supuesto mencionar a Delfi, esa mascota que mis hijos abrazaban como si fuese un ser mágico, con la que querían hacerse fotos todas las noches.
En este relato podría nombrar muchas cosas vividas, comidas muy ricas, empleados encantadores, pero terminaría pareciendo una reseña de un buscador de hoteles y yo lo que quiero plasmar es la felicidad vivida durante diez días en los que, al terminar, a mis hijos se les caían las lágrimas y me decían, el año que viene queremos venir al mismo hotel. Y dicho y hecho, no exactamente al mismo sitio, pero si, y por supuesto, a la cadena Senator. Este año hemos estado en el Hotel Playadulce. Misma expectación, mismas ganas, misma ilusión, pero miedo a que no fuese igual que el año pasado. Y esta vez fue igual o más mágico que el año pasado, ya sabíamos cómo funcionaba el «mundo» Senator, mis hijos ya estaban familiarizados con el Mini Club Delfi, nuevos amigos, nuevas experiencias, nuevos juegos, nuevos bailes, y todo tan maravilloso como el año pasado. Otro año más de lloros y abrazos con los animadores al finalizar los días allí, pero esta vez acompañados de un peluche de Delfi, que enseñan a todo el mundo como el mejor juguete que puedan tener.
Y como diría mi hijo pequeño, quiero ir todos los veranos a Hoteles «Delfi», así es como llama él a esta cadena de hoteles que tanta y tanta felicidad nos ha dado durante dos veranos. ¡Por muchos más veranos de felicidad infinita!
-Elena B.